Filosofía aristotelica
 
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DIOS
CONCEPTO DE DIOS EN LA FILOSOFÍA DE ARISTÓTELES.

1.- Aristóteles no tiene ninguna obra especial en la que aparezca su idea de Dios

Tal como se ve en la recensión anterior de sus obras, entre ellas no existe ninguna sobre Teología como Ciencia de Dios

La teología aristotélica y su idea de Dios aparece diseminada en diversas de sus obras: En los fragmentos sobre Filosofía y Sobre la oración en el libro de Caelo, en el libro VIII de su Física, en el libro XII de su Metafísica que propiamente constituye la Teología Aristotélica.

2.- Dios como la sustancia divina transcendente.

Para poder comprender la idea aristotélica de Dios , hay que partir de otras ideas que Aristóteles estudia especialmente en su Filosofía primera, o Metafísica.

La Metafísica para Aristóteles es la ciencia que estudia al ser en cuanto que es ser, no estudia a ningún ser en concreto sino que en ella se busca una noción genérica y universalísima del ser.

Para llegar a esa noción de ser Aristóteles desarrolla un conjunto de conceptos básicos del sistema aristotélico entre ellos el concepto de movimiento, de sustancia y accidente, de acto y potencia, causa y efecto, materia y forma, materia prima y materia secunda … para luego aplicar en cada ciencia, centrada en el estudio de los seres concretos y reales estos conceptos.

En los lugares anotados en el primer párrafo de este punto y de forma especial en el libro XII de su Metafísica Aristóteles aplica a Dios algunos de estos conceptos resultando de tal aplicación un concepto del ser divino que podríamos concretar en la siguiente descripción: Dios es un ser sustancial, realmente existente ,Acto puro, eterno, no sujeto a cambios de ninguna clase, por ello inmóvil, pero principio de todo movimiento, distinto de todo lo sensible, inmaterial, indivisible, impasible, inalterable, incorruptible, dotado de poder infinito, cerrado a todo lo exterior a si mismo, que posee en grado sumo y con una plenitud inimaginable, la belleza, la inteligencia y la felicidad. ( Met. XII 7, 1072 b 14 s.s.)

Dios es sin duda feliz y bienaventurado , pero no por ninguno de los bienes a él exteriores, sino por sí mismo y por su propia naturaleza. ( Pol.VII ( IV) 1323 b 22-24; 1325 b 25 s.s.)
 
La Teoría del conocimiento aristotélica

1.
Al igual que ocurría con Platón tampoco en Aristóteles encontramos una teoría del conocimiento elaborada, aunque sí numerosos pasajes en varias de sus obras (Metafísica, Ética a Nicómaco, Tópicos, por ejemplo) que se refieren explícitamente al conocimiento analizándolo bajo distintos aspectos. El estudio de la demostración, el análisis de las características de la ciencia y sus divisiones, la determinación de las virtudes dianoéticas, etc., son algunas de las ocasiones en las que Aristóteles nos habla de una manera más específica del conocimiento y de sus características. De todo ello podemos deducir algunas de las características básicas del conocimiento tal como parece haberlo concebido Aristóteles.

2.
Aristóteles distingue varios niveles o grados de conocimiento. El conocimiento sensible deriva directamente de la sensación y es un tipo de conocimiento inmediato y fugaz, desapareciendo con la sensación que lo ha generado. El conocimiento sensible es propio de los animales inferiores. En los animales superiores, sin embargo, al mezclarse con la memoria sensitiva y con la imaginación puede dar lugar a un tipo de conocimiento más persistente. Ese proceso tiene lugar en el hombre, generando la experiencia como resultado de la actividad de la memoria, una forma de conocimiento que, sin que le permita a los hombres conocer el porqué y la causa de los objetos conocidos, les permite, sin embargo, saber que existen, es decir, la experiencia consiste en el conocimiento de las cosas particulares:

"... ninguna de las acciones sensibles constituye a nuestros ojos el verdadero saber, bien que sean el fundamento del conocimiento de las cosas particulares; pero no nos dicen el porqué de nada; por ejemplo, nos hacen ver que el fuego es caliente, pero sólo que es caliente." ("Metafísica", libro 1,1).

3.
El nivel más elevado de conocimiento vendría representado por la actividad del entendimiento, que nos permitiría conocer el porqué y la causa de los objetos; este saber ha de surgir necesariamente de la experiencia, pero en la medida en que es capaz de explicar la causa de lo que existe se constituye en el verdadero conocimiento:

""Por consiguiente, como acabamos de decir, el hombre de experiencia parece ser más sabio que el que sólo tiene conocimientos sensibles, cualesquiera que ellos sean: el hombre de arte lo es más que el hombre de experiencia; el operario es sobrepujado por el director del trabajo, y la especulación es superior a la práctica."("Metafísica", libro 1,1)

4.
El conocimiento sensible es, pues, el punto de partida de todo conocimiento, que culmina en el saber. Y Aristóteles distingue en la Metafísica tres tipos de saber: el saber productivo, el saber práctico y el saber contemplativo o teórico. En la Ética a Nicómaco volverá presentarnos esta división del saber, en relación con el análisis de las virtudes dianoéticas, las virtudes propias del pensamiento discursivo (diánoia). El saber productivo (episteme poietiké) que es el que tiene por objeto la producción o fabricación, el saber técnico. El saber práctico (episteme praktiké) remite a la capacidad de ordenar racionalmente la conducta, tanto pública como privada. El saber contemplativo (episteme theoretiké) no responde a ningún tipo de interés, ni productivo ni práctico, y representa la forma de conocimiento más elevado, que conduce a la sabiduría.

Dibujo coloreado de una de las cariátides del Erecteion5.
El punto de partida del conocimiento lo constituyen, pues, la sensación y la experiencia, que nos pone en contacto con la realidad de las sustancias concretas. Pero el verdadero conocimiento es obra del entendimiento y consiste en el conocimiento de las sustancias por sus causas y principios, entre las que se encuentra la causa formal, la esencia. Al igual que para Platón, para Aristóteles conocer, propiamente hablando, supone estar en condiciones de dar cuenta de la esencia del objeto conocido. De ahí que el conocimiento lo sea propiamente de lo universal, de la forma (o de la Idea). Pero para Aristóteles la forma se encuentra en la sustancia, no es una entidad subsistente, por lo que es absolutamente necesario, para poder captar la forma, haber captado previamente, a través de la sensibilidad, la sustancia.

6.
El entendimiento no puede entrar en contacto directamente con la forma; cuando el hombre nace no dispone de ningún contenido mental, por lo que entendimiento no tiene nada hacia lo que dirigirse: es a través de la experiencia como se va nutriendo el entendimiento de sus objetos de conocimiento, a través de un proceso en el que intervienen la sensibilidad, la memoria y la imaginación. Mediante la acción de los sentidos, en efecto, captamos la realidad de una sustancia, de la que, mediante la imaginación, elaboramos una imagen sensible, es decir, una imagen que contiene los elementos materiales y sensibles de la sustancia, pero también los formales. Es sobre esta imagen sobre la que actúa el entendimiento, separando en ella lo que hay de material de lo formal. Aristóteles distingue dos tipos de entendimiento, el agente y el paciente; el entendimiento recibe, entra en contacto con, la imagen sensible; el entendimiento agente realiza propiamente la separación de la forma y la materia, quedándose con el elemento formal que expresa a través de un concepto en el que se manifiestan, por lo tanto, las características esenciales del objeto.

7.
Las diferencias son, pues, considerables con Platón, tanto respecto al valor atribuido al conocimiento sensible, como respecto a la actividad misma del entendimiento que ha de ser necesariamente discursivo, siendo imposible llegar a conocer los universales a no ser mediante la inducción; además, Aristóteles rechaza explícitamente el innatismo del conocimiento, y nos lo presenta como el resultado del aprendizaje, es decir, por la coordinación racional de los elementos procedentes de la sensación, a través de la experiencia. Coinciden, sin embargo, en la consideración de que el verdadero conocimiento ha de serlo de lo universal, y no de los objetos singulares.
El concepto de Ser
Para Aristóteles, lo que realmente existe son seres individuales, el sujeto concreto e independiente. Entonces, el mundo es un conjunto de seres concretos e individuales. La sustancia 1ª es un ser concreto e individual, la verdadera realidad. Los principios que hacen que cada cosa sea lo que es, su esencia, son la sustancia 2ª. Las propiedades de las sustancias son los accidentes. Los accidentes no existen en si, si no que existen en una sustancia.
La sustancia es aquello que existe en sí y no en otro, y se dividen en:
• Cuerpos simples: (aire, agua, tierra y fuego), el arjé ! “Influencia de Empédocles”
• Compuestos: agregados de los cuerpos simples.
Metafísica y física

Frente al idealismo de su maestro Platón, Aristóteles es rea­lista: no existen dos mundos separados, uno sensible y otro inteligible, sino un único mundo, formado por objetos indi­viduales: las sustancias. Cualquier sustancia es un compuesto hilemórfico; es decir, un combinado de materia y forma. La forma es la idea platónica unida indivisiblemente a la mate­ria a la que configura. Las formas son universales, y la lógica se encarga de estudiar sus relaciones.

La metafísica, filosofía primera o sabiduría, se ocupa, en cambio, de estudiar las primeras causas y los primeros prin­cipios de la realidad. El ser, según Aristóteles, aunque es úni­co, se manifiesta de diez maneras diferentes, denominadas categorías: la primera es la sustancia, que es la categoría fundamental, y las nueve restantes (cantidad, cualidad, rela­ción, lugar, tiempo, situación, posesión, acción y pasión) son accidentes o modificaciones que se predican de la sustancia.

En su física, Aristóteles define los seres naturales como aque­llos que tienen en sí mismos el principio del movimiento y del reposo. El movimiento se explica como el paso del ser en potencia al ser en acto: un ser que está privado de cierta for­ma, pero puede tenerla, pasa a adquirirla efectivamente.

Como todo movimiento requiere un ser en acto previo que actúe como causa eficiente o motor del cambio y además siempre se dirige hacia una meta, que actúa como causa fi­nal del movimiento; habida cuenta, asimismo, de que resulta imposible la existencia de una serie infinita de motores y de móviles en la naturaleza, es necesario admitir la existencia de un primer motor inmóvil, acto puro, que es causa y fin úl­timo de todos los movimientos del universo.

Antropología y teoría del conocimiento

Como cualquier otra sustancia, el hombre se compone de forma (alma) y materia (cuerpo), siendo el alma el principio vital que anima y organiza el cuerpo. Como forma y materia van siempre unidas, alma y cuerpo son inseparables, por lo que Aristóteles niega que el alma humana sea inmortal.

El alma racional, específica del hombre, es capaz de adquirir la ciencia, un conocimiento basado en conceptos universa­les, abstrayendo las formas y separándolas de la materia a la que están unidas.

El proceso de abstracción avanza desde los sentidos al con­cepto universal, y en él desempeña un papel decisivo la ima­ginación, sobre la que operan el intelecto paciente, que tiene la posibilidad de conocer las formas, y el intelecto agente, que las separa de la materia. Este último constituye la parte más perfecta y divina del hombre, porque su capaci­dad para conocer las formas lo hace separado, eterno e in­mortal.


Ética y política

La ética aristotélica es eudemonista; es decir, se trata de una ética de la felicidad, bien supremo que Aristóteles no entien­de como idea separada, al estilo de Platón, sino como un bien accesible a la actividad práctica del hombre.

El fin último de nuestros actos es alcanzar la felicidad, pero ni la vida activa (política o militar) ni la vida placentera ga­rantizan su logro. Solo la vida teorética o contemplativa, de­dicada a la búsqueda del conocimiento, permite ser plena­mente feliz, porque esa vida se caracteriza por el ejercicio de aquello que constituye la naturaleza específica del hombre: la razón, y, más concretamente, del intelecto, cuya actividad lo asemeja a los mismos dioses.

El ejercicio de la contemplación permite al hombre alcanzar las virtudes intelectuales, como la prudencia y la sabiduría, pero como el hombre es también un ser corporal, no puede dedicarse siempre a la contemplación; por eso, la felicidad requiere también un disfrute moderado de bienes externos, como la salud, el bienestar, los amigos, etc., sin los cuales ninguna vida puede ser enteramente feliz.

Junto a las virtudes intelectuales están las virtudes éticas (va­lentía, templanza, justicia, etc.), que son aquellas que depen­den del carácter del sujeto. La virtud ética es para Aristóteles una disposición o modo de ser consistente en el hábito de adoptar el término medio entre dos extremos viciosos, uno por exceso y otro por defecto. Esto significa que no somos virtuosos ni viciosos por naturaleza, ni tampoco adquirimos la virtud a través del conocimiento, sino que la virtud y el vi­cio se consiguen ejercitándose en ellos.

Que la virtud sea cierto término medio no la identifica con la mediocridad, sino que, por su valor intrínseco, la virtud cons­tituye siempre un extremo de perfección y la mayor excelen­cia a la que puede aspirar el hombre. Asimismo, el vicio o mal, por corresponder a un extremo de imperfección, no ad­mite término medio, sino que es malo de forma absoluta.

La ética aristotélica culmina en la política, que es la ciencia práctica más importante, porque no busca el bien o la felici­dad de un individuo, sino el bien colectivo, en el marco del Estado.

Aristóteles mantiene un organicismo social: el Estado es an­terior, por naturaleza, a los individuos, a las familias y a las aldeas que lo forman, y el hombre puede definirse como un animal político, puesto que carece de sentido fuera del todo social, de la ciudad-estado de la que forma parte.

El hombre es social, porque su alma racional y el lenguaje le permiten conocer lo justo y lo injusto, así como crear leyes que regulen la vida colectiva, con vistas al bien común.

El Estado posee prioridad, porque únicamente él es autárqui­co y se basta a sí mismo. Es en él donde el hombre puede alcanzar su perfección, ya que solo el Estado le permite, me­diante la educación, actualizar todas las potencialidades inherentes a su naturaleza, tanto intelectuales como morales.
La naturaleza (según Aristóteles)
11 de marzo de 2007 Publicado por Christian
“Entre los seres, los hay que existen por naturaleza y los hay que existen por otras causas. Por naturaleza existen los animales y sus partes, las plantas y los cuerpos simples como la tierra, el fuego, el aire y el agua. En efecto decimos de estos seres y de otros de la misma clase que son por naturaleza. Ahora bien, todos estos seres de que venimos hablando difieren claramente de los que no están constituidos por naturaleza. En efecto, todos los seres naturales poseen en sí mismos un principio de movimiento y reposo, bien respecto del movimiento local, bien respecto del crecimiento y mengua, bien, en fin, respecto de la alteración. Por el contrario, una cama, un vestido y cualquier otro objeto semejante no tiene tendencia natural alguna al cambio en tanto en cuanto pertenecen a esta clase de seres, es decir, en tanto en cuanto son seres artificiales, si bien la poseen en cuanto resultan ser de piedra, de madera o de una mezcla de tales sustancias. Y es que la naturaleza es un principio y causa del movimiento y del reposo para aquellos seres en que reside inmediatamente, esencialmente y no de un modo accidental”.
Aristóteles, Física





Dos son los puntos principales y fundamentales que se abordan en el texto presentado anteriormente: Aristóteles comienza ofreciendo una caracterización de los seres naturales, para, a continuación, proponer una definición en sí de naturaleza. La definición de naturaleza ofrecida en la segunda parte del texto, deriva lógicamente de la caracterización previamente establecida de los seres naturales.
En oposición a los seres artificiales, los seres naturales se caracterizan entre sí. En primer lugar, poseen en sí mismos un principio de reposo y movimiento. Puesto que se trata de sustancias naturales, nuestro autor de hoy se refiere aquí a los tres tipos posibles de movimiento accidental (los astros que giran en el firmamento o la piedra que cae, el organismo vivo que se desarrolla y crece, el hombre que aprende a leer…). No se reciben estos movimientos desde el exterior de un modo tanto mecánico como pasivo, sino que los realizan en virtud de un principio interno a ellos mismos que determina, orienta y dirige tales movimientos.
De ahí que, Aristóteles, en segundo término, establezca que las sustancias naturales poseen una tendencia a realizar determinadas actividades y comportamientos. Los seres artificiales carecen de este principio intrínseco y de esta tendencia.
Aristóteles pasa a definir la naturaleza precisamente como ese principio intrínseco que determina la tendencia a realizar ciertas actividades o movimientos. En cuanto que determina tal tendencia, la naturaleza de una sustancia natural establece unas pautas de comportamiento.
Se identifica, pues, con la forma de las sustancias naturales. Sólo derivadamente puede la materia denominarse naturaleza.


bibliografía:http://quijotediscipulo.wordpress.com/2012/05/28/dios-en-la-filosofia-de-aristoteles/
http://html.rincondelvago.com/aristoteles_54.html
http://filosofia.laguia2000.com/filosofia-griega/la-naturaleza-segun-aristoteles
http://www.webdianoia.com/aristoteles/aristoteles_conoc.htm
http://www.iesdionisioaguado.org/joomla/index.php?option=com_content&view=article&id=1164:resumen-del-pensamiento-de-aristoteles-&Itemid=27
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